k-minos

que se me presentan en sendas claras y rectas o como laberintos dependiendo de los días

Divagación del extrañamiento

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[Avenida de Old Dhaka]

Estoy perdida en mi propio mar. Eso es lo que pensé ayer cuando exploraba algunos enlaces de blogs venezolanos. Hay tantos blogs nuevos o relativamente nuevos de los cuáles no me había percatado. Pero igual me sentí hoy, cuando salí de casa a la oficina luego de repasar la prensa venezolana, los blogs noticiosos, y me puse a mirar con atención el paisaje del camino tan familiar que me es ahora y que al mismo tiempo me es extraño. Paso el puente del lago de Banani, veo a las mujeres con sus saris y kamises coloridos, los rickshaws atestando el tráfico con sus decoraciones llenas también de colores brillantes, y me volví a sentir perdida en medio del agua de mi consciencia.

En mi habitación me siento en mi país, cercana e integrada a lo que me ofrece señales donde reconocerme. Y no más poner el pie afuera me enfrento al asombro del mundo que no es mío. Al que visito y me aproximo todos los días sin poder aprehenderlo por completo.

Es un extrañamiento diario si no me inmunizo antes pensando que estar tan lejos es “business as usual”. Sólo con esta experiencia de vivir fuera, he podido entender la nostalgia perenne de mi papá y mi abuela. Mi abuela que dejó su Rusia a los 20 años y nunca más volvió, cuyo contacto con madre y hermanas era epistolar hasta que la Segunda Guerra Mundial se las llevó en el cerco de Leningrado. Mi abuela murió a los 93 años. 73 años sin pisar más su país de origen. Ya cuando hubiera podido, no quiso. No quiso deshacer sus recuerdos.

Venezuela es tan diferente ahora. Aunque he vuelto de visita en 5 ocasiones en estos casi diez años a veces leo vocablos y modismos que no me son familiares en los blogs, como por ejemplo la palabra bizarro. La leo una y otra vez en todas partes. Se usa ahora mucho, pero hace diez años estaba ausente de nuestro vocabulario.

Yo hablaba ruso con mi abuela. Sólo ruso. Y cuando me ha tocado hablar con rusos post-URSS me dicen que uso palabras o digo cosas de manera que ya no se usa. Me he percatado que códigos culturales que aprendí de los rusos emigrados en Venezuela ya no existen, rusos que eran y muchos siguen siendo reminiscencias de la antigua Rusia imperial zarista. Así que hasta cierto punto mantengo los remanentes, el reflejo desvaído de una nostalgia centenaria, heredada de alguna forma .

Me pregunto qué pasará con mi nostalgia, si mi extrañamiento se angostará algún día. O si, cuando regrese padeceré la nostalgia de las referencias que manejaba. Arquitecturas que ya no están, palabras en desuso, entre miles de pequeños detalles que conforman una identidad.

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