k-minos

que se me presentan en sendas claras y rectas o como laberintos dependiendo de los días

Kali país – divagación

A veces reviso las entradas viejas de este blog y me digo, y ¿dónde está el cuento de tal o cual viaje? y ¿por qué no puse tal o cual foto?. Este blog tendría que ser no sólo cuaderno de notas y borradores sino bitácora y muchas entradas se me han quedado en el tintero. Quiero ponerlas acá. Como ejercicio de mi memoria. O como ejercicio y punto. Pero, bueno, el blog es tantas cosas…

Es una mañana de sábado, escucho música mientras veo por la ventana el cielo nublado que cubre a Caracas.

Me he echado en el sofá rojo oscuro de mi sala, acurrucada en todos esos cojines forrados de telas de Bangladesh, confortada con mi taza danesa de té ahumado, calentado por la llamita bajo mi tetera de hierro japonesa… No, no es un alarde de transhumancia, sino el retrato de cosas queridas que me hacen sentir en casa y propietaria de mi espacio. Bajo la cobija, tecleando en la computadora esta entrada, no quiero sino regodearme en este sosiego momentáneo. Me recupero de una cirugía. Me recupero también de noticias leídas que aniquilan y poemas escuchados la noche anterior, exultantes de vida y creación.

En Venezuela, uno se debate en los extremos de la euforia y la depresión. Lo de bipolar, a esta república, le sienta como anillo al dedo. Pero luego del rush del sube y baja, por fortuna viene ese cierto sosiego. O quizás yo me lo procuro para la sobrevivencia… Sobre – vivencia… En Venezuela se sobre-vive, es decir, la vivencia es excesiva, no en balde hay escasez de calmantes y demás fármacos que atenúan la extra experiencia.

De alguna manera, agradezco la alarma sobre la vida, así no nos puede pasar de largo. Siempre se está de urgencia para ella. En la necesidad de amigos, de contacto, o de aislamiento para la introspección o para crear o incluso, destruir. Venezuela es una suerte de Kali rediviva. Es energía en movimiento, en destrucción y construcción simultáneos. Y uno no es sino reflejo de ello, y quizás ella no es sino reflejo de todos.

Kali - Nepal

[Santuario de Kali en Nepal]

Y al hablar de Kali, recuerdo la visita que hicimos a un santuario en Nepal en abril del 2008, dedicado a la diosa. Uno de los más antiguos que existen, el cual, si la memoria no me falla (revisaré el dato), se remonta al siglo13. Ubicado a horas de Katmandú, entre montañas, el peregrinaje es de centenares de personas, quienes portan un cabrito o un gallo mientras hacen fila para entrar y ofrendar. Al llegar el turno de cada quien, el animal es sacrificado y su sangre se usa para bañar y alimentar la efigie de Kali, una pequeña escultura negra protegida por una capilla, al fondo de la hondonada, cuidada con celo por sus oficiantes. Para el rito se la desviste de todos sus adornos de plata, y así, desnuda es bañada de rojo.

Santuario de Kali - la diosa desvestida

[Santuario de Kali en Nepal]

Antes era más libre

Antes era más libre en el blog… Releo entradas de hace 4 años y me encuentro conque era mi tribuna de expresión total.

De unos 3 años para acá, k-minos se ha redefinido un par de veces. Por un tiempo, la crónica política y la opinión tuvieron mucho peso. Hoy lo tiene más escribir en un tono restringido a la literatura y asuntos mayormente intimistas que lo que pasa en el país. Supongo que es parte de la respuesta a estar aquí en Venezuela y tratar de tener un espacio de paz, donde prive algo que me refresque la vida y no me remita a esa sensación apocalíptica de desastre que parece predominar en todo. Pero me siento menos libre de esta manera. K-minos era mi sitio de reflexión, de drenaje cuando me sentía no sólo nostálgica sino con una terrible necesidad de decir cosas y que alguien las escuchara. Creo que voy a volver a ello, porque me hace falta el diálogo que tenía antes, el espacio para descomprimir.

[El Ávila desde El Placer, tomada en abril del 2009]

Hoy me sentí así, con una necesidad perentoria y en vez de venirme aquí, me fui a twitter en donde grité un rato. Y es que no me cabe en el pecho la angustia de que El Ávila se esté quemando y que los esfuerzos de defensa civil y los bomberos no estén dando frutos. Me angustia porque la montaña con la que nos sentimos protegidos y que de alguna manera nos proporciona sosiego arde ante la mirada indiferente del gobierno, porque hasta ahora no ha dicho nada al respecto.

Una de las cosas que más añoraba de vivir en Caracas era poder ver El Ávila. Las ciudades que visitaba por primera vez se rankeaban enseguida en mí si tenían montañas alrededor que me hicieran sentir en casa, como Katmandú o Kampala. Me desespera mirar a los linderos del cielo en una ciudad y no encontrar un volumen topográfico considerable. Un tótem adónde elevar la vista en busca de alguna respuesta.

El Ávila arde, está ardiendo y para mí es como si ardiera Roma mientras la contempla Nerón, feliz y fascinado por las llamas.

Invierno en Dinamarca

En el tren de camino a Aarhus desde Copenhagen, contemplo el invierno aún sin nieve en Dinamarca. Son unas cuatro horas de camino y no puedo dejar de pensar que este es un país en el que realmente me siento extranjera. La lengua es indiscernible y hay pocas traducciones al inglés en rótulos de aeropuerto, estación de tren y calles. Cuando llego a cualquier nuevo destino una de las primeras cosas que hago es contemplar el cielo. El cielo da cuenta de cómo está configurada la gente de una tierra. Y no, los cielos no son iguales. Los cielos son diferentes en cada territorio que arropan.

En esta ocasión, el cielo es el más plomizo que he visto en mi vida. Es como si se fuera a caer pesado sobre los árboles desnudos por el invierno convirtiéndolos en miríadas de astillas, agujitas de madera congelada.

Todo este país se ve como de cuento de hadas en el verano, pero en invierno es bastante sombrío aunque sin faltarle belleza. Una belleza triste, como la de algo delicioso que se ha dejado olvidado en el congelador.

El trayecto no es monótono. Me cuesta encontrar el asiento y luego de dos paradas tengo que mudarme porque estoy en el vagón equivocado y me explican que el servicio de tren cometió un error de concordancia entre los números de vagón de los tickets y los del tren, y que todo el mundo sabía eso, menos por supuesto, los turistas. Al mudarme a mi sitio en puestos ordenados de a 2 enfrentados con una mesa en medio, la pareja sentada enfrente mío, padre e hija adolescente se murmuran algo entre ellos y deciden que no quieren mi compañía y se van a otro lado. No sé si por mi pinta extranjera indefinida o sencillamente quieren estar ellos dos solos. No me hizo falta saber danés para entender su incomodidad. Está bien, si hay algo que aprecio es la soledad en trenes y aviones. Ellos no tenían reserva de asiento, yo sí. Pero al cabo de algunas paradas dos mujeres se sentaron enfrente y luego una señora al lado. De las tres, dos sacaron su tejido a dos agujas. Bufandas.

En Dinamarca, las casas parecen de muñecas. Bellas, con jardines diminutos se juntan para formar pequeños pueblos a través de los cuales pasa el tren con interludios de bosques y campos para la siembra ya vacíos. De repente, de esta aura de cuento de hadas impreciso me saca un par de arcos dorados en medio de uno de estos pueblos de ensueño. Siguen más bosques, más campos y en algún horizonte un molino solitario tratando de elevarse con sus aspas de jet.

Me parece difícil este paisaje. Me parece admirable que un grupo humano haya sido capaz de domarlo, domesticarlo, poseerlo y finalmente amarlo. Es entendible este orgullo danés por su herencia histórica, organización social, y tiene sentido entonces todo lo que conozco sobre Dinamarca, un país donde se cuida el bienestar común cuidando el del individuo y viceversa, pero no idealizo esta tierra ni la considero una sociedad perfecta. Sólo  intento comprender el matrimonio entre paisaje y gente, el devenir, la consecuencia que produjo esta nación, organizada, juiciosa, llena de sentido común y al mismo tiempo hermética, compacta, dentro de sí.

Finalmente, llego a mi destino. Me espera un querido amigo que grande como sus ancestros vikingos, me saluda con una sonrisa llana y abierta. De Dinamarca y su invierno, una cálida bienvenida es lo mejor. Me quedaré con él y su esposa ugandesa, otra amiga querida y también alta, de estirpe guerrera.

Me maravillo ante las migraciones modernas, las nuevas sangres que conforman la Tierra, los nuevos devenires, las consecuencias.

Me pregunto si entonces el cielo seguirá signando destinos y miradas.

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Invierno en Dinamarca

deseo volver a mi paisaje
como el árbol desdichado
en medio del campo a ras
esperando mejores días para la vida

las lágrimas del tren
corren horizontales
trazan una ruta veloz
de hormigas plateadas
en la ventanilla

al fondo
el cielo huraño
árboles desnudos que tejen en mi memoria
paisajes de soledad y frío

nostalgia y anhelo del abrazo

10/12/09
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Paz momentánea

esplugues

[Calle de Esplugues de Llobregat]

Hoy el cielo está azul y sin nubes.

Camino tranquila en este mediodía de entrada al invierno, por las calles de Esplugues de Llobregat, en las afueras de Barcelona. Sigo el curso de algunas calles y un pequeño boulevard hasta llegar a una panadería-café casi vacía. Las mujeres que atienden el local quizás comentan sobre las vidas de sus vecinas, por lo poco que logro entender. Al fondo, un hombre solitario toma un café. Al frente un mujer también sola, toma su cortado con un bocadillo, mirando la calle a través del ventanal de la fachada y de tanto en tanto apunta algo en su pequeño cuaderno.

Esa mujer soy yo, tratando de dilucidar esta paz momentánea, buscando entender por qué la misma asalta, así de repente, y nos invade convenciéndonos de que, a pesar de los horrores del mundo, la belleza del amor prevalecerá y que todo, todo al final, estará bien.

Mañana rara

Es una de esas mañanas raras dónde no sabes en qué mundo andas, ni qué debes hacer ese día exactamente o si lo debes hacer, en las que te provoca esconderte del universo, para que no te roce, que no apriete donde duele, que deje respirar libremente sin presiones de ningún tipo. Rara esta mañana, con sol y nubes grises, sin definir si será luminoso el día o tormentoso… Me dicen que tronó de manera inusitada anoche… por lo alrededores de la Florida… acá por donde vivo no escuchamos nada… pero esa imagen que Cinzia me regala, de que el cielo quería caerse, me recordó las explosiones que en el Lago Victoria, en Uganda, provocaban los rayos. Parecía, cuando estallaban, que se estaba librando una guerra de dioses porque eran explosiones fuertes, estentóreas, pero que no retumbaban… secas pues, y abajo nosotros, simples mortales que podíamos ser el daño colateral de dicha batalla, si nos abandonaba la suerte .

Pensaba que las lluvias del Cordonazo de San Francisco eran durísimas, y siempre me ha fascinado ese despliegue de fuerza, de conflicto, de cuando la naturaleza se decide a bañarlo todo con agua, a sacudir el polvo de los árboles, a salir de los débiles y dejar los que están afianzados con fuerza a tierra y que perduren algo más. Era impresionante ver los rayos sobre ese lago gigante que era como un mar, se comportaba como un mar, traía brisa y olores marinos… al que no se le podían ver orillas opuestas satisfaciendo así mis nostalgias caribeñas.

Recuerdo una tarde en particular, cuando un cielo azul impoluto y un lago sereno se convirtieron de repente en plomos de gris, vientos huracanados y lluvia, en cosa de breves minutos.

stormylakevictoria

El cielo encapotándose en el Lago Victoria, Uganda

Recuerdo también una noche en que una de estas explosiones nos despertó de golpe y es que había caído un rayo a pocos metros de la casa… y otra memoria imborrable es la de un vuelo en avioneta por los alrededores del lago, entre dos sistemas de nubes, lloviendo a cada lado de la tarita en la que volábamos, cuando un relámpago surgió a nuestra izquierda cayendo a tierra dándole a un árbol. Verlos caer desde el aire es impresionante.

La lluvia en Uganda era siempre memorable. Las de Bangladesh algo cansinas, a excepción de las de los tiempos de tifones, donde el cielo gris total adquiría tonalidades extrañas, amarillas unas veces, verdosas otras.

Estoy esperando que revienten las lluvias caraqueñas. Las lluvias revisten a la ciudad de bucolismo, caos y una extraña sensación de redención que sólo dura hasta que escampa.

El cielo se ha encapotado aún más mientras escribo esto, anda húmedo el aire, medio iracundo el viento, los aires de tormenta están aquí…

¿Cuánto tiempo más, hará falta para que estalle?

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Enlaces relacionados:

Breve del monzón

Llueve

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Cuando voy a Maracaibo

Cuando voy a Maracaibo… esa canción me resonaba en la cabeza, al tomar el avión con Nadia Goncalves de Espacio Público, rumbo a dar el taller El blog una herramienta para comunicar en la red en La Universidad del Zulia (LUZ), gracias a los afanes organizativos de David Padilla (No te eches el polo) alias @Dawarg y la profesora Margarita Arribas alias @Pimpina el pasado 19 de junio.

nadiadawargpimpina

Nadia Goncalves @Nadialegm, David Padilla@Dawarg y Margarita Arribas @Pimpina

Nunca había estado en Maracaibo más que de tránsito hace añales atrás yendo a Medellín con destino a Bogotá en uno de esos vuelos extraños, con miles de paradas, más barato que uno directo. Así que la experiencia no sólo me daba expectativas en referencia al curso en sí, sino en la posibilidad de tener aunque sea una visión fugaz de la capital de ese otro país que parece ser el Edo. Zulia.

El taller superó mis expectativas. Para éste, había planeado incluir Twitter, Facebook, Flickr y Delicious como herramientas complementarias al blog y el tiempo alcanzó perfecto. Los asistentes al taller fueron 12 estudiantes de periodismo y 3 profesores. De los estudiantes 2 sólo eran hombres, y de los profesores 1. Al preguntar habían 4 blogueros y como 3 tuiteros (si no recuerdo mal), nadie tenía delicious, 1 o 2 flickr y todos facebook. La mayoría tenía cuenta de gmail así que no fue difícil abrirles el blog, los que no tenían yahoo la abrieron para el flickr y antes de entrar en la parte práctica de apertura del blog, lo hicimos con twitter que acaparaba mayor expectativa. Luego pasar al blog fue fácil e integrarlo con twitter y flickr un paseo. Facebook y Delicious quedaron para la exploración y gusto de cada quien, considerar si lo integraban o no, pero pudimos sentar la posibilidad. Así que poco a poco la evangelización continúa. Mientras más se diseminen los usos de estas herramientas podremos ejercer aficientemente nuestra libertad de expresión y afianzar recursos para impedir o evadir una mordaza.

taller
Las féminas del taller

Me encantó conocer a la ultra geek comunicadora y activista Samanta@nerdysinperro, descubrir que tenía amigos comunes con Margarita@pimpina y confirmar que las universidades son de los sitios más maravillososo de Venezuela para revitalizar energías gracias a personas como David@Dawarg. En este periplo de cursos con Espacio Público, las universidades han sido un recordatorio de lo que no parece ser importante para ningún gobierno: un campus con recursos para garantizar su buen mantenimiento amén de otras necesidades que deben ser cubiertas. Lo increíble es que a pesar de todo, profesores y estudiantes le echan pichón a ser mejores, a superar los obstáculos, graduarse e integrarse de la mejor manera a sacar adelante este país.

Y como siempre, la hospitalidad de nuestros anfitriones @Dawarg y @Pimpina fue de primera desde la llegada hasta que partimos a Caracas de vuelta. Encantada y agradecida con ellos. Apenas un día en Maracaibo, pero intenso y de nuevo reconciliante con la Venezuela positiva, que no se ve entre la enmarañada y espinosa política cual cují sobrealimentado, pero que se deja sentir si uno quiere.

Postales de Maracaibo

En Maracaibo aprendí que la comida es sabrosa y particularmente zuliana,

saborzuliano

que hace calor,

caloryac

que las mariposas permanecen en paredes más de veinte años en LUZ según me relata Margarita y van al baño según veo,

mariposaypoceta

que los cujíes dan las mejores sombras,

reddecuji

que se puede andar en “tranvía” desde el Parque La Vereda y darle vuelta a toda la ciudad.

tranviamaracaibo

Y que si estas imágenes, impresiones y sabores los coleccioné de a raticos en un día, no puedo sino prometerme volver a recorrer esta república dentro de la república, así que Cuando vuelva a Maracaibo…

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Enlaces relacionados:

Twitter y Redes sociales en el taller de Weblogs de Maracaibo

Twitter #tallerluz

Para esta noche, dos crónicas-poema-posts

Esto serán probablemente los textos que leeré esta noche en el encuentro de blogueros en El Buscón a  partir de las 7pm. Literaria blog.

Actualización: Fueron estos los que leí.

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Divagación del Ocaso – Marzo 14, 2007

¿Cuánto tiempo iba a poder aguantar?

Traté infructuosa de prohibirme venir y bloguear porque “otras cosas demandaban mi atención inmediata”. Y así me sumergí en la marea de escritos de los demás, en el constante vagar por la música que palabras, oraciones y párrafos construyen dando a conocer al “otro”. Un “otro” escondido en algún perfil sumario y breve, críptico o demasiado explícito, pero que aún permite la interrogante del misterio luego de la lectura.

Se busca el espejo o, quizás deba decir, ¿se busca el espejo?… Los signos de interrogación a veces nos dejan sin respuestas.

Pasan muchas cosas todos los días. Esto es una frase de perogrullo. Pero ¿qué cosas pasan por nosotros? ¿Cuáles son las que nos animan a escribir y darle al botoncito de “publicar” desde la pantalla de una computadora?

Bangladesh sigue conmocionada por arrestos de políticos, funcionarios y miembros de partidos, todos corruptísimos. Cada día en la prensa hay un banquete diario de noticias con los hallazgos de zoológicos privados, costosos automóviles, numerosas cuentas bancarias en el exterior, y demás objetos de lujo y ostentación. En el mundo se han conmemorado fechas, y presidentes de imperios y naciones se han embarcado en giras como si fueran estrellas de rock. Pero ¿me provoca escribir de eso en estos días? No mucho realmente.

Veo el atardecer todos los días por la ventana. Al sol dhakaíta ocultarse ominosamente rojo. De ese color rojo, de mercurio cromo, del que nos echaban en los raspones de codos y rodillas y nos hacía desear de niños, a veces, no ser tan traviesos. Ese sol se oculta como el regaño velado, la mirada de reprobación y lástima que papás y abuelos tenían en el rostro cuando nos empezaba a arder la herida. Pero sin el soplo refrescante sobre ella. El soplo que nos decía que de todas formas el amor supera cualquier plato roto o el jalón de pelo a la hermana.

¿Qué puedo hacer con ese sol que me regaña despacito en el ocaso? Salgo y le tomo fotos a ver si lo atrapo. Pero se escapa siempre, en la línea oscura que palmeras, árboles y edificios me trazan en el horizonte de Dhaka. Un sol que me deja con la noche abierta adelante para el insomnio, la duda, las certezas y el otro vagar, por los nudos, las rutas confundidas, los libros que saltan de la estantería a mis ojos, a ver… A ver si se convierten en oráculos los fragmentos leídos al azar, los poemas insospechados.

Son pocas las veces que el día despuntando me logra saludar. Me refugio en la cama momentos antes para preservar el estado de iluminación que sólo la noche otorga, y que el día, cruel, nos arrebata.

Y es de esto último, de lo que me provoca escribir.

De como el ocaso, ilumina.

Enlace original: http://www.k-minos.com/2007/03/divagacion-del-ocaso/

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Crónica íntima – Octubre 20, 2005

En estos días he acomodado mi cuarto y de alguna manera he paliado la pequeña crisis en la que me encuentro. Su origen todavía lo desconozco con precisión, pero tengo algunas pistas.

Ahora veo de frente a la ventana, mis pinturas tienen su sitio en un rincón y en otra pared se encuentra la pequeña biblioteca que me puedo permitir en esta vida de gitana. Ya encargué el sofacito para echarme a leer y sustituir la colchoneta en el suelo, y pronto vestiré a la ventana con alguna tela colorida de por estas partes.

Sin embargo, la ventana la tengo que tener abierta. Necesito ver las palmeras bañadas de sol o lavadas por la lluvia como hoy. El graznar de los cuervos me hace compañía y de tanto en tanto les dejo una chuchería en el balcón. Para mí no son agoreros, sino un recordatorio. En estos días también me visitan otra clase de pájaros pequeños y marroncitos que gozan bañándose en la tierrilla de las macetas. He saltado de lectura en lectura buscando palabras que me toquen. Y una que otra me hace alguna cosquilla pero nada de contundencia.

Está lloviendo y ando inquieta.

El centro lo tengo descolocado. Y mientras halla su lugar no puedo sino dejarme llevar por la corriente de los días, cepillarme los dientes, tomar la ducha, vestirme y alistarme para el trabajo, reunirme con las amistades instantáneas que esta vida de trashumante ofrece como un regalo o a veces una lotería. Reír aquí y allá, tomarme un trago, comer rico, regresar a casa y acurrucarme en la seguridad y el amor. Luego más tardecito, entrar de nuevo en mi cuarto, ver hacia el atardecer o la noche según el caso, contemplar las palmeras, dar unos brochazos o teclear algunas palabras… o no.

O no, sencillamente entrar en el cuarto y aposentarme allí en la lucidez del insomnio.
Y esperar.

Esperar
Ver el tiempo
Verlo.
Pasar
Correr
A tu lado
A través tuyo
Dejarte atrás
Esperar
Por recordarte
Por encontrarte
Por adivinarte
O quizás por nada
sólo por esperar
por estar
por ver el reloj
por querer una palabra
aún sin inventar
un sentimiento
que no sea antiguo

un conocimiento
que no sea el de siempre
tibio y acostumbrado

El centro está descolocado…
¿Y si sigue en su moldura
seguro y eterno?
A lo mejor, entonces,
son mis periferias las que no encuentran
el dibujo de sus límites
la precisión de una atmósfera
la certeza de una cartografía…

Enlace original: http://www.k-minos.com/2005/10/cronica-intima/

Seminario blog – Cumaná hospitalaria – las mejores pepitonas

callecumanesa

[Calle del centro histórico de Cumaná]

Este sábado pasado estuve en Cumaná dando el seminario Weblog una herramienta para comunicar en la red organizado en conjunto con el Colegio Nacional de Periodistas capítulo Sucre y Espacio Público en el laboratorio de comunicaciones de la Universidad de Oriente. Este seminario se inserta dentro de las actividades de diseminación y capacitación que Espacio P’ublico lleva a cabo en toda Venezuela para promover el ejercicio de la libertad de expresión. El seminario es de corte teórico y práctico, ya que se hace una introducción a la web 2.0 y al blog como una herramienta útil de comunicación y para establecer redes sociales, y luego se pasa a la parte práctica de abrir el blog. En enero estuve en Trujillo en lo mismo y están pendientes otros puntos del país durante el año, con distintos instructores. Este viernes le toca a Juliana Boersner en Ciudad Ojeda.

La experiencia fue muy satisfactoria de nuevo. La recompensa es ver a la gente motivada con abrir un blog, sin aprensiones tecnológicas por cierta mitología urbana de robos de identidad, secuestros planeados desde la red, etc. No digo que no ocurra, pero las estadísticas no creo que superen las probabilidades de que nos pase algo sin que intervenga la red en ello.

seminarioblogcumana

[El grupo que atendió el seminario, junto conmigo y Nadia Goncalves al centro]

Le dimos al seminario corrido, sin pausa para almorzar, sólo tuvimos 3 recesos de unos 15 minutos cada uno. En estos descansos empiezan a fluir los cuentos de la violencia que no llegan a la prensa nacional ni la de la capital. Asesinatos por sicariato del narcotráfico más que todo, aparte de conflictos sindicales, políticos, etc. De repente sentí que Cumaná era un lugar remoto y tan alejado como lo puede ser Dhaka de Caracas. Pensé en lo útil del blog para acercarnos, para dar a conocer sin cortapisas las versiones de país que cada quien tiene y conciliarlo en un panorama menos blanquinegro que el que tenemos hoy.

Colofón del seminario

Salimos del seminario. La Universidad de Oriente es una de las principales universidades del país. Me conduelo de verla. Con la pintura desconchada, los jardínes agrestes dejados a su propia naturaleza, algunos pupitres rotos aquí y allá fuera de las aulas, las paredes rayadas llenas de grafitti. Pienso en las cantidades de dinero que entraron en Venezuela en estos últimos 10 años y me pregunto si es que fue aquí que entró esa plata. Si es que es el mismo país, porque tanto abandono no se explica. En el carro veo por la ventanilla extensiones de terreno de la vegetación típica semiárida de la costa venezolana a la salida de la UDO. En el recorrido veo pequeños barrios pobres, miserables. Me asaltan los recuerdos de Bangladesh y toda la indignidad de la miseria. Esta pobreza que veo es mayor que la estereotipada de Caracas. Ranchitos mínimos de zinc bajo este calor. Aquí no hay la antena de Direct TV afuera, ni el carro, ni el semiconuco de los ranchos que he visto en otras partes del interior. Están sobre la desnudez de la tierra clara y sin hierbas, pintados de colores brillantes que imagino sería el maquillaje para disfrazar nuestras carencias a los invitados al ALBA.

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[Laboratorio de Comunicación de la UDO]

El laboratorio de comunicación de la UDO, eso sí, era perfecto. Veinticinco computadoras entre laptops y desktops con tremenda conexión a internet. Esa es la paradoja de este país que ama el avance tecnológico comunicacional pero no le importa hundirse en basura, mantener la pobreza indigna como valor y perder sus infraestructuras por falta de mantenimiento.

Hospitalidad A número 1.

Las reflexiones y las imágenes que recogí se vieron acalladas por la abrumadora hospitalidad. Nos llevaron, Dionely y Magdalena, a dar una vueltica al centro histórico de la primera ciudad de tierra firme en el continente, Cumaná. Tendría que ser la tacita de plata de este país. Pero no. Ya ni pensar en ello vale la pena. No hay explicación aceptable. En estos momentos se hace un esfuerzo de restauración del casco central y se ve coqueto, hermoso con sus colores vivos.

Me comentaron que al castillo de Araya lo habían ¡frisado! ¿Qué de la pátina del tiempo, qué de la antigüedad noble de la piedra y la argamasa?… No, nada de eso. Nada de nadedad, por parafrasear, es lo que hay en los criterios de algunas políticas de preservación de patrimonio. Lo que debieran frisar y pintar es la UDO, no un antiguo castillo de piedra.

Y como no había explicación que darme a mí misma, sencillmente tomé algunas fotos de la plaza, las calles aledañas, del palacio de gobierno quemado… por el actual gobernador cuando era estudiante y aún en ruinas. Simbólico y elocuente.

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[Gárgola del Palacio de Gobierno quemado]

Hacía falta unas frías para cerrar el seminario. Una de nuestras anfitrionas, Magdalena, le tocó la puerta a La Uvita, del Sr. Cheché, a una cuadra de la gobernación, quién nos la abrió franca lleno de amabilidad. Allí no sólo nos tomamos varias frías sino que nos regalaron con las mejores pepitonas del mundo. Ni un granito de arena tenían. Frescas en su limón con toque de vinagre, zanahoria y el puntico picante sin exagerar. Deliciosas. Un lujo. Con el refresco de las cervezas y ya en confianza dimos rienda suelta a los dimes y diretes de la cotidianidad nacional, nos recomendaron sitios de interés para ir a ver en Sucre, nos reímos, comulgamos en el humor, echamos cuentos, Magdalena cantaba con el cuatro un polo mientras el Sr. Cheché nos piropeaba al tiempo que nos confesaba un enamoramiento eterno por su esposa. Nos traían más pepitonas a las que atacaba sin piedad y queso con casabe, y al final a la hora de la cuenta, ¡todo iba por la casa! y nos nos dejaban ir.

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[El Sr. Cheché de La Uvita]

Esta hospitalidad venezolana no tiene precio. No se consigue en otra parte. Yo no la he conseguido hasta ahora. El calorcito de estar en confianza pasados los primeros momentos de natural reserva y luego como si nos conociéramos de toda la vida.

En Cumaná me encontré con Tulio Hernández que andaba dando también un seminario. Conversamos largo pero en segmentos de a raticos durante el fin de semana. Termino ponderando sobre el futuro del país luego de que me echa los cuentos del Ateneo y otros más, sin llegar a ninguna conclusión. Sólo me queda tener fe en las ganas de hacer de la gente, a pesar de las circunstancias adversas que afectan a todo el mundo. Este es el país del pa’lante. Donde la gente hace cursos para mejorar, aprender cosas nuevas. Eso nos distingue. Nos une. Quizás sean excepciones para algunos. A lo mejor es así y no lo quiero ver. Pero no creo en los clichés y lugares comunes que plagan los malos estereotipos qué tenemos sobre nosotros. En cada seminario veo gente entusiasta sin importar qué color político le preocupa, sacrifica su sábado con gusto, para aprender una nueva herramienta que quizás le abra otro horizonte.

Nostalgia y reencuentro – divagación partiendo para el Llano

Me voy para el Llano hoy. En contraste con mi gusto por lo urbano está mi gusto por los viajes a entornos naturales y mientras menos gente en ellos mejor. Desde pequeña papá nos llevaba al Llano a la hacienda de un coronel amigo suyo, personaje que podría superar la ficción de cualquier novela latinoamericana de los 60, amigo de Simón Díaz y en donde, según éste, Simón compuso los primeros acordes de Caballo Viejo. Esto nunca lo comprobamos y papá nunca tuvo la suerte de coincidir con Simón Díaz en ninguno de los viajes.

En fin esta entrada se produce porque hoy me encuentro sumamente nostálgica de los años que pasamos en Uganda, Lino y yo, y especialmente de los viajes, safaris, que pudimos realizar y en los que cada vez no podíamos sino rememorar nuestros paisajes como el de los Llanos apureños cuando en la sabana del Mara o de los guariqueños mientras en Tsavo.

Tuve la misma experiencia en Botswana, durante el viaje que hice al Okavango. Puede sonar descabellado pero hasta el olor durante el amanecer, el sonido de los pájaros me era un recordatorio de esa parte de nuestro país.Por supuesto la melodía de las tonadas de Simón me asaltaban una y otra vez. El día que me fui de ese campamento tenía ganas de llorar porque me sentía en casa.

Entonces salimos hoy para un viaje de cinco días por el llano apureño. Sólo 4 personas de campamento. Cero internet, TV u otra distracción. Una buena ocasión para escuchar en exclusividad la voz interior. Contemplar por contemplar el paisaje y olvidarse del caos que los humanos nos imponemos por pura neurosis. Mientras pienso en esto, estoy escuchando a Brenda Fassie, la superestrella de los ochenta de Suráfrica fallecida en 2004 por una sobredosis de cocaína a sus 39 años. Su éxito Vulindlela en zulu, es un clásico y lo cantan en bares y demás. Lo mismo que su sentida canción a Mandela, My President.

Una querida amiga sudafricana, Karen,  me introdujo a Brenda Fassie y su vida, trágica y veloz, me han cautivado. Me recuerdan los últimos meses que pasamos en Kenya con nuestros mejores amigos, nuestros perritos, Laika y Flash, que tuvimos que dejar allá con ellos y la magia, lo terrible y hermoso de esas tierras africanas.

Hoy se inicia otro reencuentro fundamental para mí. A ver la sabana mañana, pasar por los esteros de Camaguán, cruzar el Arauca, pasar San Fernando y sencillamente estar en la Venezuela que se nos escapa entre el asfalto de la ciudad y el egocentrismo caraqueño.

Les dejo el video de la canción a Mandela.

Y Vulindlela. El audio es terrible pero ella me parece de una energía increíble… Mandela sale también.

Aquí el video original de Vulindlela. Y la letra en zulu para los curiosos.