k-minos

que se me presentan en sendas claras y rectas o como laberintos dependiendo de los días

Recital Las Heroínas de La Casa Azulada

Las Heroínas de la Casa Azulada - Atmósferas Sonoras de Muu Blanco

Este domingo 22 de agosto a las 11:00 am de realizará el evento “Las Heroínas de La Casa Azulada en el contexto del lanzamiento de la segunda temporada de esta revista digital. Ello consistirá de lecturas de las poetas y escritoras Kira Kariakin, Mariela Casal, Mariana Libertad, Magally Ramírez y Cinzia Ricciuti, así como una lectura de José Antonio Parra y la participación especial de Muu Blanco-Angulo con sus “Atmósferas Sonoras”. La cita es en la Librería Kalathos ubicada en Los Galpones de Arte de Los Chorros, 8va. transv. de Los Dos Caminos con Av. Ávila en Caracas.

La Casa Azulada es una experiencia llevada a cabo con una delicada elaboración estética en la que se dan cita protagonistas que van desde registros como el avant garde hasta el cutting edge.

De modo pues que desde La Casa Azulada; en nombre de José Antonio Parra, Kira Kariakin, Octavio Armand, Muu Blanco y Rolando Peña, quienes conforman el consejo editorial, así como en el de todos nuestros amigos –hombres y mujeres de buen corazón–, les damos la bienvenida a ser parte de esta experiencia; una convocatoria a las expresiones del alma.

La Casa Azulada es una revista en formato blog y se puede visitar en http://www.lacasaazulada.com. En su última edición, dedicada a la fenixología, participan Octavio Armand, Muu Blanco, Kira Kariakin, Cinzia Ricciuti, Iria Puyosa, Fedosy Santaella, Mariana Libertad, Manuel Lebon, Ana Luisa Amaral en traducción de Nidia Hernández, Rolando Peña, José Ramírez, María Teresa Ogliastri, Mariela Casal, , Mori Ponsowy, Eric Colón, Lorena Bou y José Antonio Parra.

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He reproducido la nota de prensa de La Casa Azulada y espero que puedan acercarse!

Kali país – divagación

A veces reviso las entradas viejas de este blog y me digo, y ¿dónde está el cuento de tal o cual viaje? y ¿por qué no puse tal o cual foto?. Este blog tendría que ser no sólo cuaderno de notas y borradores sino bitácora y muchas entradas se me han quedado en el tintero. Quiero ponerlas acá. Como ejercicio de mi memoria. O como ejercicio y punto. Pero, bueno, el blog es tantas cosas…

Es una mañana de sábado, escucho música mientras veo por la ventana el cielo nublado que cubre a Caracas.

Me he echado en el sofá rojo oscuro de mi sala, acurrucada en todos esos cojines forrados de telas de Bangladesh, confortada con mi taza danesa de té ahumado, calentado por la llamita bajo mi tetera de hierro japonesa… No, no es un alarde de transhumancia, sino el retrato de cosas queridas que me hacen sentir en casa y propietaria de mi espacio. Bajo la cobija, tecleando en la computadora esta entrada, no quiero sino regodearme en este sosiego momentáneo. Me recupero de una cirugía. Me recupero también de noticias leídas que aniquilan y poemas escuchados la noche anterior, exultantes de vida y creación.

En Venezuela, uno se debate en los extremos de la euforia y la depresión. Lo de bipolar, a esta república, le sienta como anillo al dedo. Pero luego del rush del sube y baja, por fortuna viene ese cierto sosiego. O quizás yo me lo procuro para la sobrevivencia… Sobre – vivencia… En Venezuela se sobre-vive, es decir, la vivencia es excesiva, no en balde hay escasez de calmantes y demás fármacos que atenúan la extra experiencia.

De alguna manera, agradezco la alarma sobre la vida, así no nos puede pasar de largo. Siempre se está de urgencia para ella. En la necesidad de amigos, de contacto, o de aislamiento para la introspección o para crear o incluso, destruir. Venezuela es una suerte de Kali rediviva. Es energía en movimiento, en destrucción y construcción simultáneos. Y uno no es sino reflejo de ello, y quizás ella no es sino reflejo de todos.

Kali - Nepal

[Santuario de Kali en Nepal]

Y al hablar de Kali, recuerdo la visita que hicimos a un santuario en Nepal en abril del 2008, dedicado a la diosa. Uno de los más antiguos que existen, el cual, si la memoria no me falla (revisaré el dato), se remonta al siglo13. Ubicado a horas de Katmandú, entre montañas, el peregrinaje es de centenares de personas, quienes portan un cabrito o un gallo mientras hacen fila para entrar y ofrendar. Al llegar el turno de cada quien, el animal es sacrificado y su sangre se usa para bañar y alimentar la efigie de Kali, una pequeña escultura negra protegida por una capilla, al fondo de la hondonada, cuidada con celo por sus oficiantes. Para el rito se la desviste de todos sus adornos de plata, y así, desnuda es bañada de rojo.

Santuario de Kali - la diosa desvestida

[Santuario de Kali en Nepal]

Mirar al cielo – en alto

Mirar al cielo

Cielo del 23062010 sobre Caracas

Ayer el cielo nos regaló una imagen rara de ver: la luna brillante en el crepúsculo acompañada de un arcoiris. En momentos de desasosiego uno debe permitirse ver el cielo. No es que haya respuestas en él, pero sí hay sosiego. No sé si es la profundidad de la altura que se pierde de vista. Si es el azul o los naranjas de atardeceres y despuntes del sol. Si son las nubes que como elefantes etéreos lentamente siguen una marcha sin destino final. Mirar al cielo es una plegaria aunque uno no crea tener fe. Me recuerda que hay todo un universo fuera y del cual somos sólo partículas. Partículas infinitesimales. Mirar al cielo sirve para guardarme, cuidarme de lo pequeño, de lo mezquino y también para agradecer todo lo bueno, desear en alto.

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En alto

me procuro un tiempo de artificios
mientras el Apocalipsis nos ronda
nos acecha silencioso
tras la basura
en ausencia de las formas amables
de nuestros hábitos

es una bestia incansable
es la rabia en espera

temblarán las bases carentes de sólida raigambre
todo se derrumbará                 leve en la irrealidad

me guardo tras el cerco

de lo deseado

en alto

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En día de pausa

Hoy es un día de pausa. Reflexiono con la ventana abierta al día que me escamotea al sol de tanto en tanto.

Desde hace meses siento que fluyen demasiadas cosas en mí: preocupaciones, trabajo, amistades nuevas, amistades viejas, libros leídos y por leer. He tenido satisfacciones plenas como participar en un recital poético, el primero; de un taller de poesía con Armando Rojas Guardia, y gozar de la continuidad de Literaria Blog actividad a la que me he visto más comprometida de lo que esperaba, pero feliz con ese compromiso (sabroso sólo reunirse para escuchar a autores leerse). También me he visto expuesta a algunas mezquindades, pequeñas aunque molestas, que han irritado mi temperamento, porque, realmente, hubiera querido que mi proceso de retorno a Venezuela se hubiera visto libre de ellas.

Quizás me he acostumbrado demasiado a la ermita que me construí viviendo fuera. Una ermita personal. En esa ermita hablaba, leía y escribía en español. Fuera de ella sucedían los países extraños, las historias inusitadas de amigos y conocidos de esos lares, que pasaban en otras lenguas o en otras variaciones del español. Siempre fui forastera a pesar de saber adaptarme a las circunstancias, habilidad que no sabía que tenía hasta que me fui de Venezuela hace 11 años. Y he aquí que retorné y me adapté, pero aún soy forastera y aún me cobija la ermita, porque fuera sucede un país extraño, mis amigos viven historias inusitadas y absurdas, incluso a veces hablan otra lengua, diferente a la que conocí.

Y siento ganas de huir, pero adónde. La ermita no me abandonará. Ni la sensación de extrañeza.

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44 – doble de dos dobles

Ayer cumplí 44 años. Es un número de cumpleaños raro. Dos cuatros. Doble número de dos dobles.

Todavía no sé como me siento con esta edad pero sí sé que este año pasado emprendí otras búsquedas que aún andan en progreso. Unas se me han dado mejor que otras, como participar en talleres literarios y empezar a construir los libros que he tenido disgregados entre cuadernos, hojas sueltas y el blog. He conocido y hecho amistad con gente sensible e inteligente que a pesar de las circunstancias del país, no se siente atrapada y contribuye con su trabajo creador a mover energías mejores para todos.

Creo que cuando uno se sumerge en actividades de creación y se rodea de gente que anda en lo mismo, ya uno está contribuyendo a mejorar el entorno inmediato, el país. No sé si pensar esto es muy ingenuo de mi parte, ya que a pesar de todo hay una sombra que sin duda nos acecha que pudiera ser nefasta, pero no dejo de creer que los buenos cambios afuera vienen de adentro de cada quien.

Hay que mantener el espíritu en alto.

Esta será mi premisa para este año hasta el próximo abril del 2011.

Más transiciones. Tal y como escribí para Mi número 43, aunque sí viajé a España, Dinamarca y Lituania, además de diferentes partes del país, el de los 43 fue un año de transiciones, mudé mi interior de estar fuera a estar aquí, a quedarme aquí.

43 parece ser un número sólido y sin ambiciones de movilidad. Sin ánimos de tránsitos pero sí de transiciones. Eso quizás es lo que es 43, transiciones. Algo así como moverse pero plantado en el mismo sitio.

Efectivamente, aunque me moví quedé en el mismo sitio, estoy moviéndome desde acá. Me he movido por dentro, he mudado de ambiciones, reforzado unas y desechado otras.

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he retornado
a mis confines
la espera
decantó un desenlace

aquí estoy
aquí vivo

las dudas escaparon
al escrutinio de la noche
luminosos presagios
revelaron respuestas

los gestos fueron fragmentados
en el tablero blanquinegro
de los desafíos

aquí estoy
aquí vivo

envuelta por el bosque de mis deseos
testigo de las danzas del sol y de la luna

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Otros de mis números para los curiosos:

Mis 42 yoes… divagaciones de cumpleaños
41 en Kenya
Mis 40
Los 39

La enfermedad de la calina

La calina ha oprimido a Caracas estos días. El incendio de semanas de El Ávila le ha dado un toque ominoso al tiempo transcurrido. Y para remate a esos sentimientos y quizás como consecuencia de la contaminación del humo, muchos andan con gripe, el asma exacerbada, alergias y otras dolencias respiratorias. Formo parte de este último grupo.

Dicen que las enfermedades respiratorias tienen que ver con los afectos. Y que las tristezas pegan en los bronquios. Yo no sé si eso es verdad o no. Sé que muchos caraqueños andan engripados y con el alma alborotada, apocalíptica a pesar de la larga Semana Santa en la que en hipótesis se ahorraría energía y agua. Caracas estuvo inusitadamente sola durante esa semana. No salí a ninguna parte fuera de la ciudad sino a una casa de campo en Caucagua, por un día. Desolador el paisaje gris amarillento de la sequía. Allí me agarró el malestar. Y para hoy ando postrada con los bronquios congestionados.

En ese día en familia, hablamos de política, de la falta de unidad de la Mesa de Unidad, de los protagonismos, y de los desmanes, ya acostumbrados, del poder. De la sensación de un ahora o nunca, que otrora prevaleciera cuando el referendo de consulta de modificación de la constitución el 23 de noviembre del 2008, y de las elecciones del 15 de febrero del 2009, que al final nos valieron cero. No entraré en detalles de lo ya sabido, porque el ahora se convirtió en nada. De la insatisfacción y la frustración que tan poco han amañado una unión.

La calina como una maldición invade no sólo la atmósfera sino el buen juicio. Ha nublado todo. La sensación es de enfermedad.

enfermedad
leve
suficiente
alarma las horas de la vigilia
produce monstruos
hermanos de miedo

soy extraña a mi cuerpo
sus fatigas extemporáneas arruinan los deseos
sus dolores contravienen
atenazan las tristezas
perturban la fe

¿qué hacer con la enfermedad?
ojalá se pudiera borrar pulsando un botón
ojalá se pudiera tachar como una mala metáfora

con la enfermedad no se puede hacer nada

padecerla

sus venenos quizás florezcan
en una cura
leve
suficiente
en la hoja de papel
en la encrucijada del pecho

Antes era más libre

Antes era más libre en el blog… Releo entradas de hace 4 años y me encuentro conque era mi tribuna de expresión total.

De unos 3 años para acá, k-minos se ha redefinido un par de veces. Por un tiempo, la crónica política y la opinión tuvieron mucho peso. Hoy lo tiene más escribir en un tono restringido a la literatura y asuntos mayormente intimistas que lo que pasa en el país. Supongo que es parte de la respuesta a estar aquí en Venezuela y tratar de tener un espacio de paz, donde prive algo que me refresque la vida y no me remita a esa sensación apocalíptica de desastre que parece predominar en todo. Pero me siento menos libre de esta manera. K-minos era mi sitio de reflexión, de drenaje cuando me sentía no sólo nostálgica sino con una terrible necesidad de decir cosas y que alguien las escuchara. Creo que voy a volver a ello, porque me hace falta el diálogo que tenía antes, el espacio para descomprimir.

[El Ávila desde El Placer, tomada en abril del 2009]

Hoy me sentí así, con una necesidad perentoria y en vez de venirme aquí, me fui a twitter en donde grité un rato. Y es que no me cabe en el pecho la angustia de que El Ávila se esté quemando y que los esfuerzos de defensa civil y los bomberos no estén dando frutos. Me angustia porque la montaña con la que nos sentimos protegidos y que de alguna manera nos proporciona sosiego arde ante la mirada indiferente del gobierno, porque hasta ahora no ha dicho nada al respecto.

Una de las cosas que más añoraba de vivir en Caracas era poder ver El Ávila. Las ciudades que visitaba por primera vez se rankeaban enseguida en mí si tenían montañas alrededor que me hicieran sentir en casa, como Katmandú o Kampala. Me desespera mirar a los linderos del cielo en una ciudad y no encontrar un volumen topográfico considerable. Un tótem adónde elevar la vista en busca de alguna respuesta.

El Ávila arde, está ardiendo y para mí es como si ardiera Roma mientras la contempla Nerón, feliz y fascinado por las llamas.

Nuevo año 2010

Este año pasado, 2009, no escribí mucho en el blog apenas 29 entradas y lo lamento. Dejé en cuadernos varios borradores que quizás publique luego si lo siento apropiado. Estoy en Barcelona, donde pasé la Navidad y recibí el Año Nuevo. Y repasando lo que escribí a finales del 2008, creo que no han variado mis sentimientos en gran cosa. 2009 fue otro año de transiciones para mí, algo así como la continuación de lo que fue 2008.

2009 fue un año de acercamiento a la Venezuela que debo aprender de nuevo, y digo que debo, porque a tientas he estado acercándome. Me he envuelto en una burbuja y de tanto en tanto he salido de ella para reconocer al país con la mirada que adquirí en esos años lejos. El proceso continuará este año de 2010, no me cabe duda, y como un agenda nueva, los días por venir están en blanco, menos estos cinco primeros días ya dejados atrás. Depende de mí como llene esos 360 restantes. Eso sí, los espero con optimismo y esperanza para superar todos los obstáculos, deseando lo mejor para mi familia, amigos y, por supuesto, para el país; deseando especialmente que nos quitemos de encima los odios y el resentimiento y que la fortaleza se afiance dentro de nosotros. Finalmente, queriendo felicidad para todos.

 

Apuntes en aniversarios

El 22 de agosto cumplí un año de haber dejado Bangladesh, el sábado mi sobrina cumplió añitos dejando ya de ser una bebé de 5, para convertirse en una niña de 6 y hoy, si mi abuela Ludmila viviera estaría cumpliendo 110 años.

El hecho de que ya haya pasado un año de mi partida de Bangladesh me impresiona sobremanera porque aún siento en mí la sensación de llegada. Aún hay cosas por acomodar en mi casa, cosas en cajas que por falta de espacio no puedo poner, como cuadros y adornos. Cosas que añoro como libros que dejé y recién me percato de ello al extrañarlos o querer releer algún párrafo o capítulo. Extraño la vida social que tenía allá, llena de compromisos instantáneos para un café, una cena o sencillamente vernos todos a los que nos unía la particularidad de estar residenciados en un país tan ajeno a nosotros. Tengo un poquito de nostalgia, sí. Pero también se me quita con ver El Ávila, exhibiendo sus diversas tonalidades, los atardeceres de Caracas, a los que hay que cazar con la vista a través de la selva de edificios que invaden el valle, ya sea transitando por la autopista o si por suerte se está en algún lugar alto.

atardecerenautopista

Atardecer  en Caracas desde la autopista

Se me consolida el júbilo de estar acá cuando alguien me dice “mi reina” en la calle o me echa un piropito. Aquí la gente se queja de ese exceso de confianza que se agarra la gente. Para mí es maravilloso que exista, porque me refuerza el sentido de querer vivir en democracia. Aquí nadie es más que nadie.

Pero esa sensación de llegada no se me quita. Aún estoy familiarizándome con los abismos que parecen separarnos y las insólitas referencias culturales, que sobreviviendo cualquier circunstancia, nos aglutinan bajo una misma bandera como lo puede ser una Miss Universo.

País de paradojas, paroxismos y parodias.

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ludmiladylewskiY así como reparo en esta nostalgia extraña de estar afuera, también me afianzo en la solidez de los afectos familiares como las sobrinas con las que por fin comparto algo más que una visita azarosa y breve, y el recordar hoy en un aniversario más de su nacimiento a mi abuela paterna, Ludmila. Fue una sobreviviente de revoluciones, guerras y migraciones asumidas como vinieron, sin darle mayores vueltas. Agradezco su vida y la extraño mucho. Nació en 1899 y nos dejó en 1992.

Hace unos 3 años escribí algo pensando en ella,… pensando también en las casas que he tenido, las memorias, las amistades dejadas en otras geografías.

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Las llaves de mi abuela

Mi abuela tenía las llaves de todas sus casas

La llave de su casa en San Petersburgo

La llave de su casa en Constantinopla

La llave de su casa en Hamburgo

La llave de su casa en Varsovia

La llave de su casa en Salzburgo

La llave de su casa en Coro

La llave de su casa en Valera

La llave de su casa en Caracas

La primera era enjoyada y exquisita

Las otras de hierro forjado, diseños curvilíneos e interesantes

Las tres últimas modernas, sencillas y familiares

Mi abuela tenía todas sus llaves en un manojo

El manojo está extraviado,

oculto en alguna parte

que no logro encontrar

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…. Espero de alguna manera conservar el mío y pasarlo de mano… que nadie lo añore durante un aniversario o en medio de una rememoración llena de nostalgia y algo de tristeza.

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