viernes, agosto 12, 2005

Si fuera libre de tí
mi soledad sería como la de los bares
llena de fantasmas
en los rincones otrora cálidos

una soledad que no sería existencial
ni inmanente
ni placentera

una soledad esclavizante
abrumadora
concreta

una de esas que ahogan el alma
y nos condenan a la vida de la nostalgia
y la tristeza

si fuera libre de tí...

.

miércoles, enero 12, 2005

Microbio galáctico

No quiero dormir
Quiero estar despierta
Alumbrada

Me había olvidado de la muerte,
de la mía,
de la obscuridad

[La tragedia de este mundo hace que Dios se pierda de vista, los dogmas religiosos se hacen cliché y la expresión Dios mío! la dejamos de usar porque no hay ninguno y menos que sea de nosotros.]

No quiero que pare la máquina...
El mundo debiera ser infinito,
la vida debiera ser infinita
y cada uno de nosotros dioses imperecederos
soberbios, eternos, presentes
siempre
tanto en génesis como en cataclismos
potentes y supremos.

¿Por qué ceder al sueño,
por qué dormir y despertar
encerrados en una pequeña humanidad
apoyada sobre un colchón de calidad dudosa
en medio de ningún sitio
dispuestos a salir todos los días
de nuestro escondrijo,
recién bañados y vestidos,
a ubicarnos en el engranaje de una rutina
sin objetivo cósmico
para luego un día desaparecer
sin haber afectado para nada el orden del universo?

Porque somos una ficción
una anomalía matemática
grandilocuente
un paramecio galáctico
y nada más

Me rebelo sin éxito contra lo inevitable
y entonces soy insomne.
Un microbio herético y sin sueño,
en medio de la Vía Láctea

martes, enero 11, 2005

Tierra

Quisiera comer tierra.
Tomarla con la mano desnuda y sin preámbulos ni contemplaciones meterla en mi boca.
Sentir los granos, la textura de piedra molida, el sabor a cosa húmeda entre mis dientes y la lengua. Mezclar sus minerales con mi saliva y luego hacerla entrar vitalmente en mí.

Materia de todo génesis,
Asidero para la raíz,
Carne de este planeta.
Policromática como las pieles
soporte de caminos y encrucijadas,
vertedero de lágrimas,
último destino.

domingo, enero 09, 2005

Insomnio X

Rasguño la hoja en la madrugada.
En medio de mi insomnio voluntario,
la tenue luz que me acompaña hace la vigilia menos mezquina
Al lado tengo la presencia rítmica y pausada de quien hace al final estos insomnios más amables. Estas tormentas nocturnas culminan en paz con su mirada, siempre primera, en la luz del día.

Tormentas en paz...
Estoy celada por la malla para los mosquitos y en vez de sentirme al borde de una enfermedad tropical intento hacerme a la idea de vivir mil y una noches de encanto rodeada de tules y otras telas nobles.

Las cortinas también están echadas.
En un par de horas el muesín llamará con su canto a la oración.

Yo adivino la luna
fuera

lejos
porque el papel me alumbra
y me llama
y me retiene

viernes, diciembre 10, 2004

noche noche

Averno. 2 am. Tic tac. Hipersensible.

La noche. Otra vez la noche.

Noche noche noche.
Palabra golpe puertas secretas.
Tempo ritmo clima climax
nubes en el cerebro
puntos de luz obscuridad
sombras iluminaciones éxtasis epifanías tormentos.

Música exclusiva en los oídos
tapados aislados colmados entumecidos
como los dedos en garra arullo caricia síncope en el teclado
y los ojos irritados
y los restos del día

y sus martirios rutinarios como relampagueantes flashbacks.

La película mental control del futuro pasando en línea cuadro por cuadro. Sin tecnología digital. Puro consciente jodiendo. Stop, rewind. Otra vez pero esta vez otro camino esta vez... Ahora una encrucijada [imagen cuadro carretera venezolana]... Noche noche noche por delante para ir al Sur o al Este. El norte aburrido. Oeste demasiado vertical.

No quiero encontrar al sol ahogado sublime muerto en luz ni a la luna verde de pátina llorosa.

Tratar las diagonales no. Curvas arrugas de las sabanas embarrulladas en la cama luego de mucho insomnio, oír la respiracion vecina plácida cercana cálida e imposible con las ganas de prender la luz y ausentar la obscuridad para no existir en la atmósfera amarilla.
Salir a la sala fría, el runrun de la nevera oculta en la cocina, los mosquitos en el balcón aguaitando la sangre.

Volver
la cama tibia
las sombras
y las canciones de la noche.

sábado, agosto 25, 2001

Camino

Camino.
Es un recorrido limpio
Son mis pasos, no otros
los que lo hacen real
Pasos
camino
El mundo sólo gira
dentro de mi cabeza
afuera sólo hay escenarios
Es lo mejor de la vida
uno es su propio teatro
no hay peor pena que la propia
ni mejor felicidad
La vida sigue su paso
y camina, camina sola.

entre 1986 - 1987
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Cuando conseguí este texto y lo leí me dió no un escalofrío pero si como una perplejidad porque de una u otra forma coincidía con la idea intrínseca de este sitio, incluso lo de "camino" era demasiada sincronicidad. Mi ego está aquí en su máximo.

Cada huella

Hoy he encajonado sentimientos,
frustraciones en cada lagrimal.
Cada huella es un golpe
una tristeza que no sale
la palabra está en una encrucijada
no encuentra escape
está atada a la garganta
no hay papel posible que la abrigue
no hay torbellinos mínimos
que ella pueda abarcar
cada huella es un golpe
una tristeza que no sale

4 de julio de 1988
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Con motivo de qué escribí esto no recuerdo.
Lo conseguí en estos días durante una redada en mis carpetas.

viernes, agosto 10, 2001

Despedida

En estos días he estado despidiéndome de la casa.
Dedico unos minutos diariamente a recorrerla habitación por habitación.
Miro los rincones, los haces de luz que se infiltran por las ventanas, el desgaste del piso, una pequeña hendidura en alguna de las puertas, el polvillo olvidado en una que otra esquina.
Camino arrastrando mi mano por las paredes tratando de dejar impregnada una caricia de cariño y agradecimiento.
Trato de memorizar los ambientes.
Salgo al patio trasero, al jardín. Quiero recordar las plantas, el color de las paredes, los olores, la brisa vespertina que viene del lago, el enjambre de libélulas que a golpe de cinco de la tarde revolotean de a cientos sobre la hierba.
Esas mañanas en que amanecía la casa envuelta de neblina dándole bucolismo europeo a Uganda. Otra mañana mágica, en la que por algún inexplicable fenómeno en unos 500 metros a la redonda, miles de minúsculas arañitas habían tejido miríadas de telas en los montes, cercas de alambre y árboles y que emperladas de rocío brillaban en medio del resplandor matutino al retirarse la calina.
Quiero contar algún día a mis nietos del monito que un día nos visitara, de los chasquidos estridentes de los murciélagos en el tejado, de los limpia-casas en las ventanas, las ranitas al pie de las bombillas en el jardín, de nuestra perra Laika ladrándole a las abejas, y de como la otra, Dara, todos los días sin falta intentaba morderle los talones a Jeliah.
De cómo el gallo nos kikiriqueaba al pie de la ventana tempranito y de cómo terminó en caldo.
De los domingos relentosos echados en cama acurrucados rendidos por el sopor de la tarde...
Esta ha sido por dos años mi casa en Uganda.
Veo el trocito de azul del Lago Victoria desde la cerca y al voltearme y retenerla en mi mirada, la brisa con tibieza me abraza.

sábado, agosto 04, 2001

Esta noche el rostro del cielo está erosionado.
La luna amarilla encandila a momentos.
Se asoma entre las nubes intermitentemente como un ojo encendido en un rostro anciano y memorioso.
Es noche de luna llena.
El lago brilla inquieto y yo extranjera en esta tierra africana me siento de ninguna parte.
La noche es completa, podría decir telúrica en homenaje a un viejo escritor de mi tierra natal.
Pero es tan solo una noche más de tantas de luna llena.
La noche está allí siempre al final del día.
A veces la notamos a veces no. Yo la olvido a veces también.
Pero otras salgo al jardín o me asomo a la ventana, a respirar el aire fresco, a oír los grillos y sapitos, a ver el cielo, a sentir el frescor nocturno, a imaginar las estrellas y entrar en mi trance secreto con la luna, presente o no.
Esta noche ugandesa podría ser en cualquier otra parte del planeta.
Es una noche como cualquier otra de luna llena.

No vimos a Marte juntos

No vimos a Marte juntos.
Está cerca otra vez como hace 13 años.
No vimos a Marte juntos a pesar de que su luz naranja vino anunciando cambios.
Te fuiste y no nos tomamos el tiempo de verlo juntos.
En estas noches cada vez que salgo al jardín, veo en el cielo esa estrella naranja tan peculiar en este cielo africano y me pregunto si tú estarás haciendo lo mismo en donde te encuentres y si en ese preciso momento piensas en mí extrañándome bajo su luz.
Marte nos une y se impone en este cielo así como en el de hace 13 años.
De alguna manera su luz nos toca.
No vimos a Marte juntos, pero está ahí, cerca, con nosotros otra vez.