A Linda la violaron otra vez
Qué difícil escribir algo en medio del estupor y la sorpresa del nivel de indecencia al cual se puede llegar en nuestro país.
Ya la producida por el cinismo político con los quemados de fuerte Mara, los torturados, el asesinato de Maritza Ron, los muertos de Puente Llaguno han causado indignación y refrendado el sentimiento de que hay una guerra soterrada entre dos bandos.
Pero el caso de Linda no es político. El caso de Linda es el de una ciudadana común que ha sufrido abusos físicos y sicológicos más allá de lo concebible causados por un ser, que a todas luces no es normal, rico, con un papá influyente y conectado. En pocas palabras, el acusado es guapo y apoyado.
El caso de Linda es el epítome de la podredumbre moral y ética de nuestro sistema judicial. Que se abuse y haya jueces politizados por encima de su deber en aplicar la justicia es indeseable pero hasta cierto punto comprensible en casos cargados de tinte político y debido a como están las cosas en el país.
Sin embargo, cuando la dignidad humana está en juego, cuando la dignidad de la mujer se arrastra por el piso como en este caso, en un país en el que supuestamente se está llevando a cabo una “revolución” profunda de reivindicaciones humanas, no existen palabras para expresar el grado de estupor, vergüenza e indignación que nos produce a los venezolanos como colectivo esta absolución de toda culpa al acusado.
El caso de Linda es emblemático de que el sistema judicial nacional es una entidad desconectada por completo del servicio a la justicia en representación del pueblo. Hasta cuándo vamos a dejar sólo en manos de jueces decidir la suerte de las víctimas. Cuándo vamos a tener jurados donde la gente sea llamada a servir como deber cívico. Esta omnipotencia del juez solo lleva a la perversión y corrupción del sistema.
Qué vergüenza que el juez fuera mujer y que no considerara las heridas de la víctima, sus 9 cirugías, las mutilaciones, el sufrimiento de su familia y la procesión por los innumerables tribunales… Es que aunque hubiese duda razonable de la culpabilidad de Carrera Almoina, ¿no ameritaría el calvario que pasara Linda una averiguación exhaustiva en la búsqueda de quién pudo haberla sometido a semejantes bajezas? Y si en realidad él no lo hizo porqué no usó sus influencias, la chequera y su hombría para averiguar quién estaba medio matando a su “novia” y tomar cartas en el asunto.
Aparte de indultar al perpetrador identificado por Linda y al parecer comprobado por las experticias forenses y testimonios, la jueza remata ordenando investigarla a ella, su padre y su hermana por prostitución. Me perdonan mi ignorancia, ¿pero qué tiene que ver una cosa con la otra? ¿Es menos persona si fuera prostituta? ¿Tiene menos derechos? ¿Y Carrera Almoina es más gente y menos pervertido por ser un hijito de papá? ¿Tiene que tener más privilegios por el hecho de no haber nacido en un barrio?
¿Dónde están las ministras de la revolución, dónde están la sociedad civil, los candidatos y diputados de ambos bandos, dónde está la primera dama de este país defendiendo la dignidad de la mujer? Que se apersonen y manifiesten, lo exigimos todos como ciudadanos. Hay que firmar, marchar y darle a la justicia su cacerolazo y repudio por este caso que no tiene que ver con política sino con la defensa justa del ciudadano sin distingo de sexo, raza, religión o clase social como reza en nuestra constitución. Si indignidades como esta no nos unifica en solidaridad, estamos perdidos como gente y como país, porque significaría que nuestras reservas morales son inexistentes.
Con este veredicto a Linda la violaron otra vez. En sus derechos, en la fe que le quedaba en la decencia y equidad de nuestro sistema de justicia.
Con este veredicto nos mataron la recóndita esperanza de que todavía esa fe de Linda pudiera ser cierta y de que todavía quedara algo de humanidad en nuestro sistema judicial.
Publicado en www.elmeollo.net
El que no quiere a Colón no quiere a su mamá.
Ma, me, mi, mo, mu. Mi mamá me mima.
Si no recuerdo mal esta era la primera lección del silabario que enseñaba a leer a los niños de mi generación. Recuerdo con memoria fotográfica, el rectángulo en la hoja del libro que encapsulaba estas mágicas sílabas. Recuerdo mi asombro de niña de 3 años al caer en cuenta que la combinación de dos letras producían esos sonidos y a su vez que la combinación de sílabas eran las palabras que usaba diariamente para conversar con las personas que formaban parte de mi universo infantil. A partir de allí empezó mi pasión por la lectura.
Quien me enseñara a leer fue una rusa llamada Olga quien tenía un pequeño colegio de preescolar y primaria en Los Dos Caminos, el San Antonio. Las maestras eran la señorita Matilde y su hermana. La señora Olga era amiga de mi abuela y mi padre. Todos inmigrantes de la post-guerra, que encontraron en la Tierra de Gracia de Colón, el paraíso perdido. Un país joven, nuevo, pujante, lleno de gente amable. Europa estaba destruida y Rusia inalcanzable bajo la bota de Stalin.
Supongo que papá quería alguna garantía de continuidad cultural en ponernos en el “San Antonio”, bajo el ala de Olga. Quizás pensara que hablaría ruso con la venerable señora así como lo hacía con mi abuela. Pero Olga, me introdujo a la maravilla de nuestro idioma español. Idioma que determina y unifica nuestra cultura como hispana, y el cual es epítome de nuestra americanidad, gracias al aporte de modismos y voces de distintos orígenes: indígenas, africanos, anglosajones y europeos de posteriores inmigraciones. Y tal es la dimensión de nuestro idioma hoy día que hablar de “correcto español” es casi imposible porque lo que es correcto para un argentino no lo es para un venezolano o colombiano, así como lo que es para un asturiano no lo es para un andaluz. El español es un idioma flexible, elástico, dinámico, y rico en léxico gracias al proceso de conquista, colonización y posterior emancipación de América. Es ese idioma vivo y moderno el que ha sido reconocido y aceptado en la academia gracias a la literatura de nuestro continente. Así que ya ven el español ya no es de España nada más.
Entonces negar nuestra hispanidad no es sólo ridículo a estas alturas de nuestra historia, sino que revela una gran ignorancia de parte de quienes en aras de la reivindicación indígena demonizan figuras como la de Colón, especialmente cuando su intención hace 500 años no era matar indios, cual Hitler renacentista, sino abrir nuevas rutas comerciales para negociar especias con las Indias Orientales. Lo de las Indias Orientales para conocimiento de aquellos que forman parte del movimiento de resistencia indígena moderno en Venezuela, era lo que hoy se conoce como Pakistán, India y Bangladesh. Es decir el continente americano no existía en el mapa del conocimiento de Europa, así como el resto del mundo no existía en el conocimiento de los habitantes originales de este continente. La posterior invasión se debió a la riqueza encontrada, entre otras razones que no caben explicar aquí. Pero este de América no fue un fenómeno aislado y particular de la historia universal. Todas las culturas en este planeta han sufrido invasiones, influencias, conquistas y/o colonizaciones. Es la parte amarga de la dinámica de la historia.
Hoy en día en la esfera de la política internacional, el neocolonialismo existe en forma de dominación económica, superioridad militar, dominio de la información y desarrollo del conocimiento. Particularmente doy más importancia a estos dos últimos.
La ignorancia es una debilidad que nos hace más vulnerables a la alienación ideológica y cultural.
Defenestrar la estatua de Colón -no puede ser por español, porque era Genovés y unos dicen que judío también- tendría que llevar a defenestrar también a Bolívar del pedestal ideológico donde lo tenemos. Habríamos de renegar del nombre de nuestro país República Bolivariana de Venezuela, no una sino dos veces por tener un nombre castizo y ser producto de la gesta de Bolívar, un blanco criollo de origen español. Sería repudiar a todos aquellos que se llamen Jesús, José, Hugo, Adán, Juan y ni se diga de Freddy o William quienes representarían el summum del neocolonismo gringo gracias a sus nombres.
Chorradas.
Tumbar la estatua de Colón al piso y colgarla de un árbol sólo evidencia lo que llamo ignorancia activa. Es decir, aquella que la gente ejerce con orgullo y se niega a superar.
Los quinientos años de arrechera que invocara aporrea.org serán por otra cosa. Por la pobreza que no acaba, por la corrupción que sigue rampante, porque el “proceso” no ha traído ningún cambio sustancial en la calidad de vida. Porque los indios siguen siendo ciudadanos de segunda y sus tierras siguen siendo expoliadas y contaminadas con concesiones mineras y forestales que permitirán el continuar con el orden de tropelías que vive el país, por las indias que se prostituyen o mendigan en las calles de Caracas y quienes, si a ver vamos, seguro un pito importan a los que empujaron la estatua de Colón este 12 de octubre, día de la resistencia indígena nacional gracias a un decreto del Ejecutivo.
Si hoy las culturas indígenas se encuentran en peligro de desaparecer no es por culpa de los españoles de hace 500 años sino de nuestra propia negligencia moderna y mestiza.
Hacia los cinco años, papá nos metió en una pequeña escuela que funcionaba los sábados en las instalaciones del Colegio Francia en La Carlota. Era para que aprendiéramos ruso y otros aspectos de la cultura que heredábamos de él. Hacia los ocho u nueve me rebelé. Un día le dije a papá que no quería seguir yendo, porque yo era venezolana. Hoy aprecio su esfuerzo porque el ruso forma parte de lo que soy, pero como ingrediente vital de mi venezolanidad. Tan vital como el idioma que hablo y en el que pienso. El que define mi identidad en el mundo como venezolana e hispanoamericana. Identidad continental cuyo principal valor es el mestizaje racial y cultural.
Mi madre es venezolana así como mi nacionalidad, mi lengua madre es el español. Mi segundo y cuarto apellidos por línea materna son españoles: Ramírez y Rodríguez, el de origen indígena de mi tatarabuela se lo llevó la memoria, pero está presente en el fenotipo de mi familia materna, en mí y mis hermanas. Y no estoy incluyendo la parte africana también presente. Y mi familia ni siquiera es el mejor ejemplo de herencia española en Venezuela.
El que reniega de lo español como parte de su cultura e identidad latinoamericana, reniega de parte de sí mismo. Es como escupir para arriba. O poniéndolo en criollo, el que lo hace es que no quiere a su mamá.
Publicado en www.analitica.com
Ganó el diablo
No por viejo ni por sabio.
Serán así entonces las cosas. Entraremos en una dictadura completa, y en la pérdida de nuestra identidad para terminar de afiliarnos a un proceso totalmente anacrónico y mal llevado liderado por un personaje al que nunca creí realmente comprometido con la gente ni el país. Tampoco lo creo ahora.
¿Cómo siendo el venezolano rebelde y retrechero ante la coacción de sus libertades y acceso a oportunidades se deja engañar de esta manera? ¿Cómo acepta y refrenda que el presidente insulte a sus compatriotas y a las instituciones del país manejándolas a su conveniencia personal?
¿Será este el principio de un adiós definitivo a lo que se me presenta ahora como una entelequia de país? ¿Será este un final o un principio?
¿Cómo fue que el liderazgo de oposición se haya equivocado de esta manera lanzando a millones de personas a votar para recoger menos cantidad de votos que de firmas para un referendo? ¿Será que erraron en su apreciación y que de verdad para la gente es más importante que le regalen un remedio o una gallina en vez de un futuro? ¿Será cuestión de que le estamos pidiendo demasiado a la miseria, la cual se conforma con la caridad de las misiones? A pesar de todo lo cuestionable en la oposición hay una cosa que creo que no arriesgarían en esta hora y es su credibilidad como aglutinadores de la fe de muchos venezolanos.
Me cuesta creer que no haya habido fraude, pero con la ratificación de los observadores internacionales, se me ha ido la rabia de pensarnos burlados y me queda solo aceptar que la voluntad de la mayoría se impone, o en su defecto, la voluntad del más vivo (me quito el chapó). Y de allí en adelante lo que venga.
O… ¿Será que sí estamos ciegos y que es más fácil pensar que hubo trampa, en vez de aceptar el “reality check” de este proceso electoral?
Entonces sí será amargo tener que convencerme de que pertenezco al país de mi imaginación, a la dimensión desconocida de una nación que creé en mi mente y que nunca fue ni será. A una patria que me duele pero que no tengo ni tuve nunca. Y entonces estaré en la disyuntiva de no saberme de dónde, de no reconocerme en ninguna geografía y de empezar el peor exilio: el de ser extranjera de mí misma.
Y en medio de esa incorporeidad, me quedará solo aspirar a que el presidente gane cierta estatura y ya con este triunfo en sus manos se dedique a hacer un país. A respetar a la gente y a buscar de verdad una reconciliación. Pero al escribir esta nota ya veo el mal comienzo con la muerte de Altamira y sus comentarios. ¿Qué le cuesta aunque sea lamentar la muerte de esa señora y decir que se hará lo posible por encontrar a los culpables?... Como si la cosa no fuera con él. Pero los muertos siempre regresan a cobrarse las deudas, de una u otra forma, más tarde o más temprano. En la vida todo se devuelve.
Este no es el final de la historia sino un episodio más. Quedarán las lecciones aprendidas y les tocará a los líderes administrarlas, dilucidarlas. El reto es mayor ahora. A ver si en vez de coordinarse, la oposición se UNE deslastrándose del pasado y renovándose en la posibilidad del futuro por venir.
Para mí ganó el diablo, la sombra jungueana del país, la rabia, el resentimiento, el retroceso, la falta de conciencia ciudadana y de responsabilidad con la nación y con los otros, la negación… A rezar se ha dicho porque lo que viene es candela.
Publicado en www.elmeollo.net