
Amanecer en Bali. Octubre 2011
Será difícil retomar mi blog. O quizás no. No lo sé. Desde que regresé mi relación con él perdió organicidad. El escribir directamente en la computadora sin mucha reflexión por delante, sin borradores y esquemas. Permitiéndome breves errores y gazapos, la posibilidad de la corrección posterior. Aquí encontraba remanso, cobijo del extrañamiento con el país al que veía de lejos y las palabras venían solas sin preámbulos innecesarios. He perdido algo la esencia a esta dedicación.
Regresé hace 4 años, en el interín he estado fuera casi uno, pero el extrañamiento ha seguido.
Anoche escuché hablar sobre exilios y migraciones, sobre las asincronías del retorno, sobre las diferencias entre patria y nación. Pero nadie entiende que siempre, aunque uno se haya ido, se sigue en el sitio de origen, y que aunque se regrese a él, no se llega. Hay una inadecuación al origen después del regreso. No diría desarraigo, porque la raíz sigue allí, uno vive la conexión, pero ya no se es adecuado al entorno.
He dicho acá y en otras ocasiones que me siento inadecuada. Aún hoy lo siento. Inadecuada a los nuevos códigos sociales y del lenguaje que se me escapan, a las manifestaciones idiosincráticas ajenas ya. La vida fuera nos cambia hasta el lenguaje del cuerpo. Me pregunto si deba ser esto motivo de pesar. Yo sé que me causa nostalgia. Y esa nostalgia ya es intrínseca y permanente. Un pasado en fragmentos, un presente que también se me quiebra. No estuve exilada, ni desterrada, ni siquiera puedo decir que migré porque siempre estuvo presente el regreso. 10 años de anhelos y nostalgias, añoranza de la casa dejada atrás, existente sólo en memorias, desmantelada en cajas, de amigos y no tan amigos, de la familia, de los olores de la ciudad, de sus vistas. Añoranza que perdura, porque no habrá tiempo recuperado.
Este espacio, este blog, siempre me restauró la emoción, y llevó registro de ello. Le debo, y me le debo. Pero así como me he vuelto ajena a ciertas aristas de esta tierra, de repente me siento ajena a la mecánica del blogueo una vez que me asenté de nuevo en los viejos ritos de la escritura en papel. ¿Cómo recuperar este tiempo perdido? Será que es como lo de manejar en bicicleta, que no se olvida. Pero nunca aprendí a manejar en bicicleta.
Es ahora otro propósito desalienarme de la extrañeza, ¿adecuarme? ¿O supeditarme al redescubrimiento, a desechar mis nostalgias? Todos quizás debamos redescubrir los nuevos tiempos que rehúsan los de antes, que los profanan. ¿Poner tiempo al ya, para construir una memoria renovada? No lo sé. Estoy atornillada en pasados, incluso ahora en las nostalgias de las residencias de viaje. No tengo respuestas.
Consuela ver que los amaneceres son siempre uno y el mismo en todas partes, y que ello nos sobrepasa.
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Entrada motivada por la conversación en Librería Alejandría II entre Miguel Gomes y Gustavo Valle moderada por Diajanida Hernández anoche 19 de julio, 2012, y la revisión de mi blog.



