k-minos

que se me presentan en sendas claras y rectas o como laberintos dependiendo de los días

Breve de fin de año 2011

Faro de Cape Agulhas

Faro de Cape Agulhas, el punto más sur de África

Y se fue el 2011.

Este año fue rarísimo para mí. Viví la mayoría del tiempo en Jakarta, Indonesia y volver a Venezuela cada tantos meses por un período relativamente corto, se convirtió en una experiencia surreal, extraña. Pasé en total 15 días en aviones y aeropuertos, umbrales de una realidad a otra. Jakarta una ciudad caótica en la que también encontraba a Caracas, con su tráfico castigador de tiempo y las nubes de motorizados que como moscones rodean de a cientos los carros herméticos, estériles ante el mundo exterior. Pero sin temor, sin rabias, sin el odio asaltando el humor del día. Y al volver, Caracas me recibía en el afecto de las amistades construidas al abrigo de la poesía, en la isla de los creyentes en la bondad de la belleza conque contrarrestamos la vorágine que nos ahoga. De alguna manera en Caracas, me desencontraba con ella para poder buscarla, re-crearla de acuerdo a mis añoranzas y sueños.

Así que este año concluye para mí rompiendo el ritmo de vida que llevaba sincopando las sincronías y brindándole intensidad a los encuentros. Una felicidad fue la salida de mi plaquette Nuevos Arbitrios y haber participado en la producción de los Jamming Poéticos y dos de sus correspondientes publicaciones que seguirán viendo luz el año próximo. Sin sorpresas y dado el fluir de las cosas, proyectos no prosperaron aún y quizás no lo hagan y otros se están gestando tibiamente. Libros en tinteros, otros ya en cuadernos esperando corrección y demás desvelos me acompañan. La reflexión intensificada en la soledad de los viajes, y el dejarme llevar por paisajes y descubrimientos.

2012 es el año del dragón para los chinos y para profetas de desastres el fin del mundo o de un ciclo, amparados en un texto maya de múltiples interpretaciones… Todos los años son el fin de algo y el comienzo de otro algo. Todos los años, todos los días podríamos morir, pero también podemos reinventarnos, destaparnos, abrirnos a experiencias nuevas, aprender cosas inéditas, otorgarle otra mirada a la vida. No es fácil y puede ser doloroso el camino pero hay luces en recompensa.

Será un año retador en lo espiritual, emocional, político, etc.,  para todos en Venezuela con la avalancha electoral y los resultados que en cualquier escenario serán complicados. No sólo el país, sino el resto del mundo anda bastante enrevesado, no queda sino resistir construyendo y rescatando sencillez, belleza… Sí, todo suena muy comeflor, pero como que prefiero este menú a la alternativa.

Recibo el año en Suráfrica, vendrán las fotos y un breve recuento de este país complejo y fascinante y hay otras de Jakarta esperando mi disposición.

Y este blog, aunque en apariencia lo olvido sigue acá y me compele. Escribo pero el cuaderno acapara y los tiempos se confabulan. Pero, eso, sigue acá y en algún  momento tendrá raudal de nuevo, y si no, será porque tendrá que ser así.

Entretanto salud, prosperidad, felicidad, paciencia, entereza, fortaleza son mis deseos para el año 2012 para todo el que pase por aquí y el que no.

 

 

Nuevos arbitrios – Octubre de aniversarios

Nuevos ArbitriosEl domingo 9 de octubre en la Librería Kalathos en los Galpones de los Chorros se presentaron 6 plaquettes de poesía publicadas bajo la aleta de El Pez Soluble, iniciativa editorial de Belkys Arredondo Olivo, quien ha ganado múltiples premios y reconocimientos por su labor en esta área. El Pez Soluble ha publicado más de cien plaquettes desde que inició sus actividades en 1998, compilando una de las muestras más completas de poesía venezolana bajo un sello editorial en Venezuela.

Las plaquettes publicadas fueron De tinta y pliego de Isabela Méndez; Sin acentos de Cinzia Ricciuti; Posdatas de Alejandro Sebastiani Verlezza; Orfandades de Miguel Marcotrigiano; Día del perdón de Jacqueline Goldberg y la mía Nuevos arbitrios.

De más está decir que estoy muy contenta de haber iniciado el camino por el papel incluida en esta colección y le agradezco sobremanera a Belkys Arredondo por incluirme en el catálogo de El Pez Soluble. Como estoy en Jakarta no pude estar presente en la presentación pero grabé un video que fue pasado en la misma dando mis agradecimientos y leyendo unos siete poemas gracias a los buenos oficios de Georgina Ramírez... No estoy segura de la calidad de la lectura resultante en el video. No sabía que iba a ser tan arduo hacerlo sin equivocaciones y ese fue el resultado de como el 30avo intento de grabación en unas 3 horas en que estuve en ello. Si me animo lo subo en estos días en este misma entrada.

Otra celebración personal y nostálgica fue darme cuenta que este blog ya tiene 7 años cumplidos este mes, con períodos áridos y otros más activos, pero aquí.

Y aquí un par de poemas de la plaquette.

Lo que debo saber

el poema se revela
para decirme
para saber lo que debo

pero me traiciona
cuando tú lo lees
y te ataja
y te invade
y entonces   te dice
y entonces   sabes

que el poema vive solo

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Dimensión Correcta

paseo en el silencio blanco
en la concavidad donde se juntan
la mudez y la sordera

la asepsia de la nada aplaca
sin curvas ni giros
la noche irreparable

las grietas de mis faltas
están cubiertas por deseos en fuga
petrificados

cansada de ser lunar
y de los abusos del día
me libero
dentro de la cáscara irrompible
en el vacío perfecto

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Otros aniversarios y satisfacciones

Estos 2 útimos años han sido de muchas satisfacciones personales en el ámbito poético. Primero por las amistades que han nutrido el intercambio de inquietudes y creación, y segundo por la participación en talleres, recitales y lecturas, culminando con la organización de los jammings poéticos junto a Keila Val De La Ville y ahora Georgina Ramírez, Cinzia Ricciutti y Jacqueline Goldberg que se presentan los últimos jueves de cada mes en el Ateneo de Caracas, en su nueva sede en la Av. La Salle en la Qta. La Colina. Los jammings se inician con la lectura de un poema y luego cada quien se va enlazando en respuesta a una metáfora, palabra o tema creándose una conversación poética en contrapunteo. Aspiramos a que crezca el colectivo que impulsa la actividad que no pretende sino crear un espacio donde se comparta poesía lejos de los agobios de la vida cotidiana caraqueña. Los jammings han generado Las mermeladas para llevar, publicaciones que pueden calificarse de plaquettes aunque tienen más de 30 páginas, están numeradas y no pretenden pasar de más de 100 ejemplares. Se venden durante el evento y en 4 librerías de la ciudad de Caracas (Kalathos, El Buscón, Alejandría Uno y Alejandría del CC Chacaíto).

Los talleres han sido fundamentales para mí, especialmente los de Armando Rojas Guardia y Edda Armas, cuando estoy en Venezuela el trabajo es intenso y no cesa cuando estoy de viaje. La generosidad con que ambos poetas comparten su conocimiento y orientan a los poetas noveles y no tan noveles que se inscriben en los talleres que imparten es sencillamente fuera de lo ordinario.

Estas actividades, aparte del regreso al país, y estar cerca de la familia es lo mejor del retorno a Venezuela que también este octubre cumple 3 años.

De alguna manera todo esto es producto de los Nuevos -recientes- Arbitrios en mi vida, habrán otros sin duda, pero estos son los que me hacen feliz hoy.

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Anotaciones en Indonesia I

Amanecer - vista desde el templo de Borobudur

[Vista desde el templo de Borobudur al amanecer / Yogyakarta]

Ya la rutina quieta se aposenta del todo. Los 10 días pasados se me fueron en noches quebradas por el sueño en fatiga y sincopado. Una suerte de estado en que la mente anda alerta pero al mismo tiempo extenuada. Y en esos segmentos de vigilia en la madrugada, muy diferentes al insomnio acostumbrado -iluminador-, se está en un casi delirio, donde ideas, pensamientos, recuerdos se entremezclan y preguntas y dudas ametrallan nuestra conciencia. No, no ocurre nada particularmente extraordinario como consecuencia de ello. Es el cerebro reajustándose ante la nueva realidad que me rodea, son los ciclos circadianos y todo mi organismo adaptándose a las nuevas horas y la nueva luz… Y ahora sí, anoche fue noche de sueño completo sin romperse, sin amanecer con el cuerpo apaleado como por una rumba salada. Despertar solitario, pero amable.

La fascinación empieza a entrar de nuevo en mí por lo que estaba en pausa hasta mi regreso. La posibilidad de viaje por las islas, no el típico, el usual, sino el que puedo atesorar con mi cámara y hacia el que puedo extrapolarme. Animales, selva, ríos, volcanes, playas, gente. Intimida la cantidad de posibilidades que ofrece este país. Tengo dudas sobre la seguridad porque viajo sola, pero empiezan a disiparse. Estoy contenta por las perspectivas, porque la corriente fluye y me puedo dejar llevar.

Todo pasa al enmendarse el sueño. Todo se restaura.

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Divagación sin título y sin final

Antes me era más fácil escribir en el blog porque el hecho de vivir en otro país y mantenerme atada emocionalmente a Venezuela me daba la sensación de estar como en una suerte de limbo. Un limbo en el que lo que escribía también se sumergía, desconectado, abstraído de la realidad. Y ahora es diferente, desde hace 3 años lo es. Este año ha sido de mucho tránsito entre distintas realidades gracias a los viajes y todas las actividades en las que me he involucrado en Venezuela. Son realidades que vivo con intensidad, la de estar lejos por trabajo y la de estar en Venezuela, participando de talleres, recitales, seminarios y demás.

Hoy escribo esto amanecida por el jetlag, luego de haberme prometido, una vez más, reactivar mi compromiso con el blog que no es sino conmigo, a este ejercicio de volcar acá lo que me ocupa, lo que siento que debo o puedo compartir.

Algo cambió luego del regreso a Venezuela. El miedo ha tomado un lugar en mí que antes no tenía. Todo el mundo vive con miedo en el país. Yo abandono el miedo una vez que tomo el avión en Maiquetía. Luego de la sensación de vivir en una amenaza constante de la criminalidad, uno se somete a otra sensación, la de la humillación gracias a un número insólito de guardias nacionales que te interrogan en la cola del check-in y luego antes de abordar… que si adonde vas, si viajas sola, qué haces, etc. y que te abren la maleta, el equipaje de mano, te sacan toda la ropa y la pegan a la cara para olerla (sí, la pegan). Alguien debería decirles que usen guantes y mascarilla, por higiene y seguridad de ellos y de la persona requisada como mínimo. Sencillamente no entiendo, por qué, en nuestro país, todos somos “sospechosos”, a excepción de los cientos de chinos que abordan los vuelos a París y Alemania, quienes pasan lisos ante esos chequeos con su flamante pasaporte bolivariano (nadie me lo contó, ya lo he visto repetidas veces este año así como todos aquellos que han viajado a esos destinos). En general, a nivel humano, me alegro por ellos, de alguna manera con esos pasaportes han encontrado alguna libertad y consideraciones que no tienen en su tierra, de la misma manera que muchos venezolanos han buscado con otros pasaportes tratando de encontrar calidad de vida y librarse del miedo.

Pero igual me es incomprensible, irritante, doloroso, sentirme tan poco confortable en mi propia tierra en su puerta de entrada y salida, el principal aeropuerto del país, cuyo nombre Simón Bolívar, ya no es sinónimo de gloria y orgullo sino de excusa para el mal gusto, la cursilería, y el abuso de poder. Sé que hay gente que ha sido maltratada en aeropuertos fuera, pero serlo en el de uno es demasiado significativo.

No entraré en mayores disquisiciones al respecto, porque siento que no vale la pena, porque quizás ya en tan sólo estos casi 3 años me he acostumbrado al maltrato, el abuso y la violencia verbal que predan en nuestro país y estoy igual de anestesiada ante el absurdo como los demás. Y reacciono sólo en situaciones límite como el asesinato o secuestro de amigos, cuando siento la rabia y el odio por la indolencia con la que nuestra vida es considerada por los estamentos del poder. Todo discurso político me suena a hueco y resulta espantosamente ridículo ante las decenas de muertes cada fin de semana en el país. Algo le ha sucedido a nuestro espíritu, algo hemos perdido que no sé si podamos recuperar. La empatía, la compasión, humanidad que destella a veces pero que en general ha sido relegada por los odios.

Y me es mucho más fácil escribir sobre cómo me siento con medio planeta de por medio. En cuanto tomo el avión aquello que me constriñe el pecho desaparece, lo que me limita sin yo querer, sin realmente saber, se deshace. Me siento libre de decir, sumida en cansancio y con calmita lo que siento, que no ya ni siquiera lo que pienso. Libre de tener la guardia en alto ante la posibilidad de la respuesta airada, el regalo de insultos, la oferta de golpes. El miedo adopta tantas formas, y es así de simple como nos derrota.

 

En Yakarta

 

 

Yakarta es inmensa.

Es la palabra que la encapsula y que implica todas las consecuencias establecidas por sus dimensiones. Me encuentro en ella desde hace 3 semanas. Llegué a ella como se llega a un sitio acostumbrado. A principios de año pasé 3 meses acá. Y me es familiar. Viajar por trabajo y establecer una rutina establece esa cercanía. Viajar por turismo siempre conlleva la excitación del descubrimiento en puertas, aunque el destino se haya visitado varias veces, o por lo menos, así me pasa a mí.

Esta ciudad tiene unos 18 millones de habitantes. Es una planicie de casas y edificios pequeños en la que sobresalen las “menaras” de treinta y tantos o más pisos y los complejos habitacionales gigantes sobre centros comerciales de hipérbole. Este concepto de desarrollo urbano, se presenta sobre toda Yakarta que sin ningún tipo de regulaciones -al parecer-, presta sus terrenos para tener topografía  a punta de construcción, que no para las 24 horas del día.

No es una ciudad para caminar, y la exploración para mí que viajo sola, es limitada por la falta de compañía y la barrera de la lengua que no manejo. La escuela de la precaución y la paranoia que llevo conmigo como venezolana no me abandona nunca, asumo el dicho better to be safe than sorry. Sin embargo, en conversaciones con mis compañeros de trabajo indonesios descubro que esta sensación de sobrecogimiento es compartida y tiene que ver con sus dimensiones, no con la criminalidad, que es baja.

Yakarta es una ciudad de tránsito, con compartimientos en los que uno vive, que no se rozan entre sí. El contraste social es evidente. Mucha pobreza y mucha ostentación de riqueza. Centros comerciales, localizados al lado de barrios muy pobres y canales de aguas negras, donde venden jaguares o porsches último modelo en los lobbys, frente a  tiendas de Valentino o Jean Paul Gautier.  Estos contrastes son similares a los que vivimos en Caracas y algunas otras partes de Venezuela, pero sin las dimensiones colosales que uno ve aquí. Son contrastes que siempre nos han parecido “normales”, porque crecimos con ellos. Y eso es lo que me la hace familiar, así como los sentimientos que me genera.

Mi estadía está determinada por una rutina, que vivo como cualquier otro de sus habitantes. La ciudad entonces está llena de misterios para mí aunque con la orientación de los colegas, me he defendido para establecer una cotidianidad. Pero el no saberla por completo es otra clave que me la hace cercana. Es así con Caracas. Cada quien tiene su Caracas, la sabe de distinta manera y al mismo tiempo la desconoce. Supongo que ese conocimiento fragmentado es normal en los habitantes de ciudades grandes y complicadas.

Yakarta es una ciudad costera y ello se aprecia en la brisa cálida y húmeda con dejo a mar. Me hace faltan las montañas. Un día claro descubrí unas hacia el oeste. Pero la vista está oculta la mayoría de los días debido a la contaminación. Y todos los días espero verlas, pero es un privilegio raro como los cielos despejados en esta ciudad donde la atmósfera siempre es brumosa y la luna, por ello, amarilla en las noches.

Me es familiar y ajena al mismo tiempo, me encuentro en ella y me pierdo.

 

Lectura de Mi padre, el inmigrante de Vicente Gerbasi

Hace varios años, a poco de empezar como por tercera vez este blog, en noviembre del 2004, escribí una entrada sobre el poemario de Vicente Gerbasi, “Mi padre, el inmigrante”. No tenía un año de haberme mudado a Bangladesh, y la nostalgia me habitaba por completo. La lectura de esos poemas fueron determinantes en esos días para mí, y creo que lo son para muchas personas hijas de inmigrantes en Venezuela o que han emigrado de ella. Esa entrada en mi blog recibe visitas todas las semanas desde hace 7 años y se ha ido incrementado con el tiempo. Supongo que esos tantos venezolanos fuera buscan ecos de su nostalgia.

En ese entonces escribí esto:

Estar lejos le limpia los lentes a uno. Hace apreciar más las resonancias y atributos de nuestro idioma. Estar lejos también crea avidez por lo que se añora. Nos hace buscar, hurgar, inquirir y regocijarnos cuando encontramos una remembranza de lo que consideramos nuestro: un buen café, una tonada, expresiones coloquiales, paisajes que se nos escapan. A mí me hizo aún más ávida de la literatura nuestra. Si ya la apreciaba, la lejanía me permitió hacerla mía totalmente.

Así fue como encontré de nuevo a Gerbasi. Quien no sólo alumbra con imágenes las añoranzas que podamos tener, sino que en mi caso, hace presente a mi padre, quien fuera inmigrante, al igual que el suyo. Al igual que el de mucha otra gente en Venezuela.

Este domingo 12 de junio será la presentación en el país de una edición realizada en México por Laberinto Ediciones en su colección Poesía de Largo Aliento. La edición está prologada por la poeta Jacqueline Goldberg, autora del excelente blog Textos en su Tinta y es realmente un pequeño tesoro, porque ediciones sólo conteniendo este poemario no existen ya. Esta es bella y cuidada.

La poeta Gina Saraceni dirá unas palabras de presentación. Gonzalo Gerbasi, en nombre de los hijos del poeta,  se dirigirá a los presentes y un grupo de escritores leerán fragmentos del libro en italiano y en español, entre ellos Hernán Zamora, Cinzia Ricciuti, Andrés Miguel Rondón, María Teresa Ogliastri, Eleonora Requena, Keila Vall De la Ville, Alexis Romero,  Georgina Ramírez y yo. El evento será a las 11 y 30 de la mañana en la Librería Kalathos, en Los Galpones de Los Chorros.

Además celebraremos el 98 cumpleaños del poeta que fue el pasado 2 de junio. También servirá de homenaje a todos los padres inmigrantes que se apropiaron de esta tierra para darles una patria a sus hijos. Yo, por lo menos, así lo haré.

Para leer a Gerbasi:

http://www.vicentegerbasi.net/

Hermoso artículo de Cleto de Assis sobre el poeta http://cdeassis.wordpress.com/vicente-gerbasi-o-poeta-de-canoabo/

La foto proviene del archivo público de sus fotos en http://www.vicentegerbasi.net/ .

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Breve de amanecer

Escucho los ruidos del amanecer que viene y veo a la noche perder su negrura.

Me gusta ese tránsito en que la noche se va desarropando con color. Ese azul algo púrpura del cielo momentos antes de que el sol salga, acompañado de trinos y ulular de pájaros despertando.

Hay algo que reconforta de los amaneceres.

Salir de la oscuridad.

Despertar.

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Divagación sobre Aeropuertos

Amanecer en Aeropuerto

Me fui por 5 aeropuertos. Simón Bolívar – Caracas, Charles de Gaulle – París, Schiphol – Amsterdam, Kuala Lumpur (una parada técnica con desembarco), Soeharto Hatta – Jakarta. Salí el 1ro de enero sin olvidar el año viejo todavía, a trancas al nuevo a pasear las maletas a las antípodas y 11 horas y media de diferencia. Aterricé en Jakarta el 3 de enero en la noche.

Regresé anteayer, pasando por los mismos 5 aeropuertos, 3 meses luego que pasaron como flechas en cámara lenta, salí el 29 y llegué el 30 a final de la tarde, recuperé 11 horas y media de mi vida o eso es lo que se dice luego de perder un total de 5 días que se me escapan en el tránsito de haber visto tantas caras igual de extenuadas por esperas, arrastrar maletas y maletines, y verse confinadas en autobuses voladores que comprimen piernas y maltratan el sueño. Pero no puedo decir que me disgusten los aeropuertos. Tengo mis favoritos en donde la estancia es amable y uno quisiera que así fuera la vida. Un tránsito cómodo, seguro, con todo a la mano y bonito. No worries.

Me gustan las panorámicas de los aeropuertos también y les tomo fotos, y desde el avión a tierra, nubes y amaneceres que parecen y se sienten extraterrestres.

Los aviones en servicio son como bueyes gigantes siendo consentidos para la carga, preparados para el destino de lleva y trae, y los zumbidos de partidas y aterrizajes que nos llegan enmudecidos a través del cristal me hacen pensar en abejas buscando flores y peregrinando para la miel. Y los paisajes sobre las nubes, en especial al amanecer me hacen sentir una exaltación que aspira a la de los astronautas del Apollo 8 al fotografiar la Tierra desde el espacio. Y secretamente, en el avión aflora el deseo de la sorpresa de un ovni revoloteando indiscreto o una visión inesperada, mágica, particular, como si estuviera en una película de Spielberg y como si no fuera suficiente volar.

El aeropuerto es entrada y salida a una suerte de máquina de tiempo. Uno llega a una tierra nueva y se lleva imágenes y deja improntas. Uno pierde y gana. He cambiado de husos horarios tantas veces que ya no sé si he ganado o perdido horas de vida. Tengo más de 70 sellos en este último pasaporte y promediando horas de vuelo y tránsito hay más de un mes en aviones y aeropuertos desde el 2006 hasta la fecha.  No sé como reaccionar ante este cálculo. Pero sé que el viaje ya es parte de mis modos. Que ya no es ceremonia, ni expectación a la maravilla. Ahora es parte del fluir de todo y un deber ser de la fragmentación inevitable y rompe-cabezas que vivo.

De madrugada

La tos no termina de salir del pecho.

La congestión no me deja dormir, pero tengo sueño. Hoy no es una de esas noches de insomnio donde la lucidez desata las sombras y las libera. Por el contrario, es una de esas noches en que dejarse llevar por el calorcito de la cama es lo más deseado en la vida. Pero es poco posible esta noche.

Oigo los muecines cantando fuerte su llamado a la oración a las 4 y 30 de la madrugada. Es como escuchar un coro espectral. Miles de voces a través de la ciudad se unen para clamar la atención de Dios desde sus minaretes y altoparlantes.

Yo, desde el piso 26 de esta torre de 37 me siento tentada también a salir al balcón y luego de tomar bastante aire, intentar mi cuota de atención lanzando mi plegaria al amanecer que aún no asoma.

Pero, nada, el calorcito de la cama puede más y me arrullo con el canto de una ciudad arropando su fe.